Sobre esta obra
"Rokefeler Boys" (2013) presenta dos figuras cuya carnalidad se construye desde el enfrentamiento directo entre rojos cadmio y ocres saturados, modulados sobre un fondo que los expone sin concesiones. La escala —próxima al metro y medio— impone una presencia física que no admite distancia cómoda: los rostros emergen del pigmento como sedimento de una identidad en proceso de negociación, no de celebración.
La obra se inscribe en la preocupación central del corpus de Valpuig por los cuerpos fragmentados y las biografías incompletas. Aquí la riqueza sugerida en el título opera como ironía estructural: lo que la paleta cálida promete, la gestualidad lo cuestiona, sosteniendo esa tensión entre apariencia y vacío que recorre su trabajo de este periodo.